Curiosity

2 de enero de 2010. Playa de la Zurriola. San Sebastián.

No es casualidad que envíen una misión espacial para explorar Marte y se le llame Curiosity. Al final eso es lo que mueve el mundo: las ganas de conocer. Lo de más allá y lo de más aquí. Es un instinto natural que nos viene de serie, damos nuestros primeros pasos guiados casi únicamente por él. Un rasgo que define a los más jóvenes y que está detrás de todo lo que hacen: oler, tocar, observar, rastrear… saber.

Con el tiempo ese impulso se va perdiendo. Tenemos claros nuestros intereses, creemos saber lo suficiente y sospechamos haberlo visto todo. De forma distraída nos establecemos en un territorio que es propiedad exclusiva de los adultos. Por fortuna siempre quedan chalados que, pese a la edad, continúan cuidando y alimentando esa cualidad. Etiquetados como espíritus jóvenes, son sujetos con demasiados kilómetros en sus suelas y, sin embargo, se comportan de manera impropia, con apetito, ingenuidad, vigor y, sobre todo, con curiosidad.

Pues eso, más allá o más aquí. Y lo mejor, no es indispensable remover la arena de Marte para hacer un descubrimiento.

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